A 54 años de su muerte conmemoramos John William Cooke.

Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919 en el seno de una familia radical, su padre era militante de la UCR de Alvear. En su casa, de buen pasar y nivel cultural, donde se hablaba inglés, lo llamaron “John William”. Estudió derecho en la UNLP y se recibió de abogado en el mismo año del golpe de Estado de junio de 1943, del que Perón fue parte. Su padre quedó profundamente impactado por el entonces coronel Juan Perón que ocupaba la Secretaría de Trabajo y Previsión, demostraría simpatías renunciando al partido radical, luego del 17 de Octubre de 1945. John W. Cooke al ser colaborador de su padre, fue integrado a la lista de diputados del primer gobierno de Perón. Con solo 25 años fue el parlamentario más destacado, no solo por su oratoria, sino también porque cuando se tuvo que oponer al propio Perón, lo hizo.

También participó activamente en la expropiación del diario La Prensa en 1951. En esa ocasión ponía en duda que lo que se estuviera discutiendo fuera la libertad de prensa. Por el contrario, decía que lo que se ponía bajo el nombre falso de esa libertad no era más que una consigna engañosa que pretendía excluir las voces de los pueblos oprimidos por la alianza entre el imperialismo y la oligarquía que los sometía. “Nosotros creemos en la libertad de prensa” –decía en aquella ocasión–; “en lo que no creemos es en el derecho de estas empresas mercantiles y capitalistas para procurar que los resortes del Estado se pongan al servicio de sus intereses cada vez que hay cuestiones gremiales en juego”.

En 1948 Cooke presenta el proyecto de reforma constitucional que se convertirá en la Constitución Nacional de 1949. Cooke presenta al Estado como el garante de la libertad, denunciando la idea liberal del Estado como un peligro para la libertad como resultado de una ideología imperialista, y planteando que, por el contrario, en los países de economía colonial o semicolonial el Estado es una herramienta de los pueblos. Toda su argumentación sobre la necesidad de reformar la constitución se asienta en la convicción de que había que fortalecer el Estado para fortalecer la libertad. El proyecto conjugaba la cuestión nacional con la cuestión social y aspiraba, a través de la inclusión de los derechos laborales, a que los trabajadores adquirieran las libertades económicas que les permitieran gozar de las ya sancionadas libertades civiles y políticas.

No faltarán rebeldías en el joven diputado nacional. Ya en 1946 Cooke se negaba a votar la ratificación de las Actas de Chapultepec y de las Naciones Unidas. La ratificación de dichas actas había sido pedida por Perón, pero Cooke argumentaba que eso limitaba la soberanía nacional y que creaba el peligroso sofisma de la igualdad entre los Estados, desmentida en la realidad de los pueblos. Este tipo de rebeldías y el ascenso de nuevas figuras en el elenco de gobierno del peronismo le valieron a Cooke, tal como sostiene Galasso, no ser tenido en cuenta para renovar su banca en el Congreso. En 1952, John no ocupaba ningún cargo en el gobierno ni en la estructura del partido peronista, pero no por eso se sentía apartado del fenómeno revolucionario que veía en el gobierno de Perón. En 1952, Eva Perón le ofrece la dirección del diario Democracia, pero Cooke la rechaza sosteniendo que no quería pelearse con la corte de adulones.

Cooke vuelve al llano como un militante de la revolución. En diciembre de 1953 se edita el numero 0 de la revista De Frente. Testigo insobornable de la realidad mundial, bajo su dirección. El semanario se convertirá en una “trinchera de la revolución” desde donde se prestará un apoyo crítico al gobierno, remarcando que el periodismo es militancia, pero que esa militancia no se lleva adelante en el nombre de Perón sino en el de la revolución, que lo trasciende. De este modo, desde la revista se elogiará al gobierno nacional por la orientación general de sus políticas económicas y de inclusión social, pero también se lo criticará duramente por su creciente burocratización.

Tras el bombardeo a Plaza de Mayo, en junio de 1955, y en ocasión del intento del presidente Perón de “rodearse de hombres de confianza”, Cooke será llamado a cumplir nuevamente funciones dentro de la organización del peronismo. En un primer momento Perón le ofrecerá el Ministerio de Asuntos Técnicos, puesto que Cooke rechazará afirmando que no era momento de la técnica. En cambio si aceptará ser interventor del Partido Peronista de la Capital Federal. Un mes después, el peronismo será desplazado del poder por un golpe de Estado. Para Cooke comenzará un largo periplo por las instituciones penales del país, donde no faltarán el frío ni los simulacros de fusilamiento, pero tampoco la fortaleza de la convicción, una espectacular fuga de la cárcel de Río Gallegos y la huida a Chile, junto con otros referentes del peronismo.

En la cárcel Cooke recibirá la noticia de que Perón lo ha designado su delegado en el país y su heredero político en caso de muerte. Desde 1957, tras su traslado a Chile, Cooke comenzará a organizar los comandos de exiliados en nombre de Perón y a entablar con el líder del peronismo una extensa correspondencia, destinada a convertirse en uno de los documentos más importantes para comprender los avatares del peronismo. Las relaciones entre Perón y su delegado se sucederán armoniosamente hasta 1959, cuando Cooke participa activamente en la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, que tuvo movilizado al barrio de Mataderos por varios días. Desde allí comienza un lento pero sostenido deterioro en las relaciones entre Perón y Cooke, lo que se advierte en la correspondencia.

El año 1959 será crucial en la vida de Cooke. La Revolución Cubana influirá profundamente en su pensamiento, y Cooke viajará a la isla, donde entablará amistad con Ernesto “Che” Guevara e iniciará una cruzada intelectual por vincular al peronismo y a la Revolución Cubana en un mismo proceso. Cooke era un “hereje de dos iglesias”, como dice Miguel Mazzeo, pues los peronistas más ortodoxos desconfiaban de su “comunismo” y los revolucionarios de izquierda veían en él a alguien confundido por su adscripción al peronismo. Sin embargo, no todos fueron inmunes a los intentos de Cooke por vincular peronismo y revolución de izquierda. Toda una generación vivió en la convicción de que el peronismo era un fenómeno de izquierda y que de su mano la Argentina arribaría al “socialismo nacional”. El papel de Cooke en esa convicción es innegable.

 

 

John William Cooke es sinónimo de revolución. Su militancia revolucionaria estuvo siempre asentada en su nacionalismo, su antiliberalismo y su antiimperialismo. Sus planteos en Peronismo y Revolución, texto de 1966, muestran más continuidades que rupturas con lo que había expresado como Diputado Nacional. Lo que sí es indudable es que las suyas son palabras atravesadas por los diversos cambios de contextos que surcó su vida militante. Cooke murió en septiembre de 1968, hace ahora medio siglo, dejando escritas las palabras de despedida que inician este artículo. Pero su pensamiento nacional de izquierda y revolucionario permanece vivo en la memoria popular, y seguirá vigente mientras sigan acosándonos los grandes problemas contra los que peleó toda su vida.

Compartimos nuevamente, las palabras de nuestra Sec. Gral. Marta Ferraro que nos cuenta quien es Cooke hoy para la Agrupación de Frente.

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