110 años “Ley de Sáenz Peña”
10 de febrero de 1912 se sancionó la ley nacional de Elecciones N°8.871, conocida como “Ley Sáenz Peña”, que desechó el voto calificado y estableció el sufragio a universal, secreto y obligatorio y el sistema de lista incompleta, con lo que se dio representación legislativa a la minoría. Si bien la ley no era tan universal, porque seguía siendo exclusiva para nativos argentinos y naturales masculinos y mayores de 18 años, su mérito fue poner fin al fraude y al soborno. Y es que antes de la ley Sáenz Peña, los días de elecciones, los gobernantes de turno hacían valer las libretas de los muertos, compraban votos, quemaban urnas y falsificaban padrones. En cuanto a las mujeres, éstas debieron esperar 39 años hasta la sanción de la ley 14.032, de junio de 1951 de la mano de Eva Perón. Recién entonces, con la vigencia del sufragio femenino se comenzó a equilibrar la balanza.
Hace 110 años la Ley Sáenz Peña amplió la democracia argentina estableciendo el voto secreto, universal y obligatorio.
La aprobación de esta ley fue un avance hacia la democracia participativa en la Argentina y la posibilidad de expresión de las fuerzas opositoras. Al presentar el proyecto ante el congreso, Roque Sáenz Peña afirmó: “En éste momento decisivo y único vamos jugando el presente y el porvenir de las instituciones.
La llamada Ley Sáenz Peña, en realidad, fue una reforma política, porque no sólo legisló sobre el alcance del voto, sino que también aprobó otras dos leyes, que fueron el sustento para que los argentinos pudieran sufragar con libertad y amplitud. La primera de ellas fue la Ley 8129 de Enrolamiento General, sancionada por el Congreso el 4 de julio de 1911; la segunda norma fue la Ley 8130 de Padrón Electoral, sancionada el 19 de julio del mismo año y la tercera fue la de la Reforma Electoral. El voto secreto fue introducido a través de la figura del cuarto oscuro y se convirtió una disposición fundamental de la ley, forma que un siglo después se mantiene vigente y con futuro. La idea de los promotores fue la de evitar que el elector fuera presionado al momento de sufragar, circunstancia que también consagraba el hecho de que el voto constituye un derecho individual esencial.
La condición de voto obligatorio solucionó un aspecto que muchas veces hacía –y hace- perder legitimidad política a los representantes cuando la cantidad de electores son bajos en relación a la población, a los habilitados por el padrón.

