8 de Octubre, el asesinato del “Che”.

Ernesto Guevara, conocido como Che Guevara, fue un médico, político, guerrillero, escritor, periodista y revolucionario comunista argentino nacionalizado cubano. Fue uno de los ideólogos y comandantes de la Revolución cubana. Guevara participó desde el alzamiento armado hasta 1965 en la organización del Estado cubano.

Pudo ser abogado pero se interesó por la medicina y por la política. La Guerra Civil española lo puso en contacto con la realidad política y social del mundo y un recorrido de 4 mil 500 kilómetros por las regiones más pobres de Argentina le abrió los ojos ante la desigualdad.

La medicina fue el puente para alcanzar lo que sería su destino: hacer la revolución para lograr un cambio social en América Latina. Pero el periodismo lo acompañó durante toda su vida, incluso durante sus largos días de lucha en la Sierra Maestra, en Cuba.

 

Cultivó un gran amor por la literatura y la poesía, de hecho, en sus labores como periodista para agencias de noticias, siempre estuvo dispuesto a dejar apuntes de su realidad, no solo en lo político sino también en los deportes y la cultura.

El Che veía la injusticia. Era un marxista autodidacta que luchó por el socialismo para reemplazar al capitalismo. “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”. Es el ícono de la izquierda en América Latina y el mundo, rechazó las injusticias y la rebeldía ante un sistema que generaba y aún genera profundas desigualdades sociales.

Su momento culminante fueron naturalmente los combates de Santa Clara, contra la guarnición del cuartel local (una de las pocas grandes batallas de la revolución) y luego el ingreso sin combates a La Habana, a comienzos de 1959, una semana antes que Fidel Castro. No es sino en ese momento que este médico argentino pisa el escenario histórico con todo su carisma como “Che”. Su hora más amarga fue la evacuación del Congo, que sintió como una insoportable humillación moral. Con su muerte en Bolivia seguramente había contado. Pero con ello cumplió en todo caso con el poema que había escrito a los 18 años: “Morir sí, pero acribillado por las balas, destrozado por las bayonetas, si, no, no, ahogado no… un recuerdo más perdurable que mi nombre es luchar, morir luchando.” En ese sentido, la muerte del Che fue su gran momento, el momento de la última prueba.

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