A 50 años del retorno de Perón a la Argentina

Pasadas las 11 de la mañana del 17 de noviembre de 1972, el general llegaba a Argentina. En la pista Rucci lo protegía de la lluvia con un paraguas y se dejaba ver Juan Abal Medina, hermano de Fernando, fundador de Montoneros. Se trataba de una imagen que condensaba las distintas tendencias del peronismo de entonces en ese ansiado regreso.

El 17 de noviembre de 1972 a las 20.25 – guiño peronista clásico que no podía estar ausente para evocar por cábala o homenaje infinito la hora en que Eva Perón murió y se convirtió en un mito – el vuelo DC 8 Giuseppe Verdi de Alitalia decolaba del aeropuerto Fiumicino de Roma para llegar a Argentina trayendo, luego de 17 años de proscripción, horror, persecución, fusilamientos y muertes digitadas por el odio, al general Juan Domingo Perón de vuelta a su patria. Un día después, el 17 de noviembre, en medio de un inusual temporal de lluvia y frio, tocó suelo argentino. A bordo, 154 personalidades de distintas corrientes políticas y profesiones fueron el escudo humano que protegía al líder, que volvía para garantizar elecciones libres en un país que seguía sudando pasión militante y soñaba justicia sin venganza a pesar de tanta sangre derramada para enfrentar una y otra vez las dictaduras que asolaron la Argentina. Miles y miles de militantes, simpatizantes, hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas, bajo una lluvia persistente, con sus pies embarrados y la esperanza intacta para abrazar un futuro que prometía libertad y prosperidad, recorrieron rutas y caminos alternos para enfrentar la prohibición dictatorial de recibir a Perón. Bajo el frío y la lluvia y la represión, se movilizaron hacia el aeropuerto de Ezeiza para encontrarse con su líder: insistían en enfrentar a fuerza de pasión y militancia, a una dictadura oscurantista, que trataba de impedir lo inevitable: el regreso pleno a una democracia sin proscripciones, en paz y con justicia social. Perón se reencontró con su pueblo finalmente el 18 de noviembre. Había cumplido 77 años, un mes y 10 días. Su edad y salud le pesaban, pero no quería morir lejos de su patria. Tenía la decisión de ser fiel al movimiento que había sabido conducir y volver a reconstruir la patria dañada. La historia del peronismo se había forjado sin dudas durante sus dos gobiernos y luego en la resistencia al arrasamiento de derechos políticos, sociales y económicos del estado de bienestar que levantó piedra sobre piedra. Su pensamiento se mantiene aún hoy inalterable: “Nuestro movimiento persigue eso: persuadir a los argentinos de que cualquiera sea su orientación, pueden estar en disidencia con otros argentinos en cualquier asunto, menos en las causas que constituyen la causa común de los argentinos: la defensa de la nacionalidad, la defensa de nuestro pueblo y la defensa de la soberanía de la Nación.”

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