Un punto que exhibe los vacíos de la imputación es que Luciani y Mola ni siquiera pudieron exhibir alguna orden o instrucción de De Vido a José López, entonces secretario de Obras Públicas, que apareció tirando los bolsos con nueve millones de dólares en el convento de General Rodríguez. Sucede que ambos se llevaban muy mal y no mantenían ningún diálogo y más bien eran casi enemigos.

Tampoco hay mensajes ni chats ni instrucciones de De Vido respecto de Lázaro Báez y en las licitaciones del área de energía, que dependía de Planificación, y que se hicieron en Buenos Aires, Báez no ganó ni una obra, pese a que se presentó en varios de los concursos, siempre asociado con empresas especializadas.

Julio De Vido, la primera defensa de un funcionario nacional

Rusconi y Palmeiro serán los primeros en alegar en defensa de un funcionario nacional. Hasta ahora intervinieron abogados de extitulares de la vialidad provincial de Santa Cruz y del ex delegado de Vialidad Nacional en ese distrito. El caso más grotesco fue la acusación contra Héctor Garro, que encabezó vialidad de Santa Cruz durante apenas seis meses y se le atribuyó defraudación en perjuicio del estado nacional.

Lo concreto es que no hay evidencia alguna de sobreprecios -ni planteó nada así en el juicio- dado que en las muy pocas obras en las que tuvo algo ver no se hizo ninguna pericia, o sea no se verificó ninguna irregularidad. Encima, los fondos salieron de Santa Cruz, no del estado nacional, o sea que resultó imposible la defraudación planteada. Las obras en cuestión fueron revisadas por el Tribunal de Cuentas, la fiscalía de Estado y hasta la justicia de Santa Cruz, sin que se detectara ninguna anomalía.

El abogado de Garro, Mariano Fragueiro Frías, insistió una y otra vez en que los fiscales ni siquiera habían leído el expediente.