En honor a Leonardo Henrischsen, camarógrafo argentino que murió en Chile durante el “tanquetazo” de 1973 y filmó su propia muerte.

La cámara enfoca al militar mientras dispara. Unos segundos más tarde, cae y, boca arriba, muestra el cielo. En 1973, al camarógrafo Leonardo Henrichsen le tocó grabar su propia muerte. Había ido a Chile a cubrir las tentativas de golpes previos al definitivo que dio Augusto Pinochet. Cuando se desató el levantamiento militar conocido como “el tanquetazo”, salió a la calle a registrar lo que ocurría y una patrulla militar lo fusiló. A pesar de que el rostro de su asesino había quedado registrado, nunca se conoció su identidad. Hasta el 2005, “Era el cabo Héctor Hernán Bustamante Gómez.
El padre de Leonardo Henrichsen llegó de Suecia con su familia a principios de siglo. Leonardo nació y creció en Buenos Aires, donde conoció a su esposa, Patricia, con quien tuvo tres hijos. En 1973 tenía 33 años y era camarógrafo de la televisión sueca (STV). El 29 de junio de ese año estaba en Santiago de Chile junto al periodista sueco Jan Sandquist cubriendo un posible golpe militar en Chile. Estaban en el hotel Crillón y esa tarde iban a entrevistar a un dirigente comunista cuando se desató el levantamiento del II Regimiento Blindado, a cargo del comandante Roberto Federico Souper Onfray, apoyado por un grupo de civiles del movimiento Patria y Libertad, que dirigía Pablo Rodríguez Grez (actual abogado de Pinochet). Salieron con los tanques a la calle y mataron a 22 civiles, entre ellos, a Leonardo Henrichsen.
No disparen, ¿no ven que somos periodistas?”, gritó Henrichsen cuando Bustamante Gómez dio la orden de fuego. Pudo mantenerse en pie y grabarlos antes de que otros dos soldados también le dispararan.
Existen varias versiones sobre cómo se recuperó el video. “Un vecino, Eduardo Labarca, le escribió una carta a la esposa del periodista después de 25 años. Dice que vio que los militares tiraron la cámara a una alcantarilla y destruyeron un video virgen, por error. A la noche la fue a buscar y la mandaron a Buenos Aires”,
El video alcanzó proyección mundial. “En más de cien años que existe el cine filmado, hay sólo una escena, la de Leonardo, que muestra el arma de la que sale la bala mortal y quién fue el que dio la orden para asesinar al camarógrafo”, escribió Sandquist quien fué compañero del periodists. Aunque el video se proyectó en todo el mundo, la identidad del asesino tardó 32 años en llegar. Estuvo en manos del periodista chileno Ernesto Carmona, que encontró los documentos del juicio 2765/73 y así dio con los militares. “Descubrir la identidad del supuesto oficial fue el trabajo de una década. El sujeto se vistió como si fuera oficial, pero no era más que un cabo”, escribió Carmona en un artículo publicado en Clarín de Chile.

Otra version:

Esa mañana, cientos de mujeres y hombres, jóvenes en su mayoría, se avalancharon sobre la posición de Henrichsen en la calle Agustinas. Todos huían de los primeros disparos del pelotón de asalto que tomó la calle, al extremo opuesto al periodista. Leonardo filmaba a unos 150 metros. Aparece otro carro militar, da violenta media vuelta y se aposta en una esquina, casi a una cuadra sobre la calle Agustinas, con once soldados.
El chofer abrió con fuerza su puerta y comenzó a apuntar. Los otros comenzaron a descender con los fusiles calzados a sus hombros. El oficial al mando desenfundó la pistola, la rastrilló, disparó al aire, pateó a un civil en el suelo, le gritó lo que siempre gritan los militares y miró nerviosamente a todos lados: allí descubrió a Leonardo que lo tenía atrapado con el ojo de la cámara. Pero no acertó. Se escuchó otro cañonazo (se ve el humo saliendo del fusil de otro soldado) y este no falló.
Henrichsen tomó estos movimientos paso a paso, reguló con cuidado el lente hasta tener precisa la escena: el cuerpo firme del soldado apuntándole cuidadosamente, la calle nerviosa, la autoridad del carro militar estacionado donde le dio su perra gana, el clima gris sin technicolor de aquel invierno de junio de 1973, captado por su cámara para la posteridad, la propia historia.
Posteriormente, el uniformado que se acercó al cuerpo de Henrichsen cortó el cable del sistema de batería y corrió con la máquina unos metros. Levantó una tapa de alcantarilla y tiró la filmadora portátil marca Eclair. Puso la tapa, subió al camión y huyeron.
Un grupo de compañeros bajaron por el ascensor del edificio. Como pudieron, tomaron un auto de la escolta y lo pusieron sobre la rejilla del alcantarillado. Esto, con el fin de que los militares no pudiesen encontrar la cámara en caso de volver. Esa misma tarde, volvieron a buscarla.
Allí el periodista argentino filmó el rostro de la muerte, que lo sorprendió mirándola de frente. Sorprendió al mundo por haber mostrado, en seis minutos y medio de filmación, la larga jornada que sería recordado en la historia chilena hasta nuestros días.

En honor a Leonardo Henrichsen, se celebra el Día del Camarografo Argentino.

Dos meses y medio después de aquel hecho, las tropas de Pinochet concretarían el golpe de Estado y desplazarían a sangre y fuego al gobierno de Salvador Allende, inaugurando una de las dictaduras más crueles y criminales de América Latina

Staff y Editores

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