MUJERES EN LA HISTORIA ARGENTINA, HOY: JUANA AZURDUY “FLOR DEL ALTO PERÚ”
Hablar de Juana nos lleva automáticamente a recordar una bellísima canción interpretada por Mercedes Sosa, una de esa maravillosas situaciones en que el inconciente colectivo nos remite a poesía, a justicia histórica y poética. Juana Azurduy remite a poesía, a la hermosa obra de Félix Luna y Ariel Ramírez:
“Tierra en armas que se hace mujer
Amazona de la libertad
Quiero formar en tu escuadrón
Y al clarín de tu voz acatar”
Esta valiente mujer, nació el 12 de julio de 1780 en Toroca, un pueblito al norte de Potosí, durante la expansión de la rebelión de Túpac Amaru.
Hija de Eulalia Bermúdez, una chola de Chuquisaca y, Matías Azurduy, un hacendado blanco, de buena posición económica y dueño de grandes porciones de tierras en la zona.
Juana, acompañaba a su padre en las tareas de campo donde entró en contacto con los pueblos originarios, de quienes aprendió a hablar Quichua y Aymara; además de comenzar a forjar lazos que la convertirían en una heroína.
Sus padres, la destinaron a ser monja, pero Juana siempre eligió la libertad. Esto se ve reflejado en la expulsión de nuestra heroína de un convento por tener una “conducta altiva”. Cabe destacar que Eulalia y Matías fallecieron pronto y esto dejó a la pequeña Juana Azurduy al cuidado de sus tíos y de diferentes conventos.
A los 25 años, se casó con Miguel Ascencio Padilla, un estudiante de derecho con quien tuvo 5 hijxs y luchó codo a codo contra las tropas realistas.
En el año 1809, ambos se unen a las Revoluciones de Chuquisaca y La Paz en donde son vencidos por los realistas; de allí en más, sus heroicos combates no cesarán, aún en los peores momentos.
Un año después, la pareja alojó a Juan José Castelli en su hogar y comenzaron a abastecer, con los pocos recursos que poseían, a los ejercitos provenientes de Bs. As.
Juana Azurduy, participó de la creación de una milicia de más de 10.000 aborígenes, a los cuales comandó en más de 30 batallas mediante las cuales recuperaron el control de numerosas ciudades como: Arequipa, Puno, Cuzco y La Paz.
Para tomar dimensión de lo cruenta y despiadadas que fueron los enfrentamientos contra el enemigo realista, basta solo mencionar que de 102 caudillos sólo sobrevivieron 9.
En el año 1816, Juana fue nombrada Teniente Coronel y le fue entregado un sable desde Buenos Aires, con el cual combatió por todo el Alto Perú y al que cargó durante el mítico Éxodo Jujeño.
La historia de lucha de la pareja Azurduy-Padilla, estuvo al borde de finalizar en el año 1814, cuando Juana rescató a Miguel, quien había sido tomado como rehén durante un combate y, finalmente, culminaría en “La batalla de la Laguna” de 1816 con el asesinato de Padilla luego de rescatar a Juana que habia sido herida gravemente.
Ese mismo año, la “Amazona de la Libertad”, se une a la guerrilla de Martín Miguel de Güemes triunfando en 6 grandes combates que comenzaban a culminar con el invasor real.
Una vez que el último bastión realista fue desintegrado en el Alto Perú, Simón Bolivar la asciende a Coronel y le otorga una pensión que percibiría durante 5 años.
Lamentablemente, como solemos observar en la historia de las grandes figuras de nuestra patría, Juana Azurduy, esa valiente mujer que entregó todo por la libertad, Flor del Alto Perú, quien perdió sus tierras, su casa, sus hijxs, felleció olvidada, en la miseria, el 25 de mayo de 1862 a los 81 años de edad en la actual provincia de Jujuy.
El reconocimiento para esta heroica mujer llegaría 100 años después de su muerte, cuando sus restos son exhumados y colocados en un mausoleo en la Ciudad de Sucre, Bolivia.
En el año 2009, Juana Azurduy fue ascendida a Generala del Ejército Argentino y Mariscal de la República Boliviana.
Hablemos de Juana Azurduy, no permitamos que el velo del olvido y la invisibilización vuelva a caer sobre ninguna mujer de nuestra historia.
