El 17 de Octubre se consagró en la memoria de los argentinos como el acto inaugural del peronismo. Una movilización aluvional e inesperada para propios y extraños.

Ese día se catalizaron y se fusionaron tradiciones políticas y corrientes culturales que venían buscando, cada una por su lado, democracia, igualitarismo, modernidad industrial y dignidad nacional.

Nuestra historia es una larga historia de plazas y contra-plazas.

En el año ’30 hubo mucha gente en la plaza festejando la caída de Yrigoyen.

En el ’45, meses antes del 17 de Octubre, una multitud marchó del Congreso a la Recoleta, encabezada por los habían dado el golpe de estado, fusilado opositores y consagrado el fraude como sistema durante la Década Infame, que gritaban -ahora y sin embargo- por la Constitución y la Libertad.

Durante diez años el peronismo construyó una liturgia en la Plaza, con encuentros de reafirmación ideológica, de comunicación del pueblo con su líder, de análisis político compartido y de auto-identificación colectiva.

En septiembre del 55 una plaza plena y colmada vivaba a Lonardi, repudiaba a Perón y festejaba su caída.

¿Por qué unas plazas hacen historia y otras no?

Porque unas sólo buscan volver y mantener al viejo país elitista e injusto, aprovechando divisiones, errores y falencias del movimiento popular para sacarlo del gobierno.

Cumplido ese objetivo sus movilizaciones pierden sentido, las dejan desgranarse, quedando solamente los núcleos revanchistas cargados de negatividad.

El 17 de Octubre, en cambio, alumbra esperanzas de unidad nacional para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria. Hoy, y desde hace 75 años.

 

Fuente:https://sapitorossi.blogspot.com/2020/10/plaza-y-17.html

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